Economía
15-04-2020
Qué es la renta básica que propone el papa
Francisco llamó a crear un ingreso universal que, de algún modo, se parece al IFE que el gobierno de Alberto Fernández distribuirá entre unos 8 millones de argentinos. Pero la propuesta, sobre la que ya se publicó en Cruz del Sur, va más allá: es una medida para enfrentar no sólo la crisis de la pandemia, sino ante un mundo que ya antes había precarizado y diezmado los puestos de trabajo.
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En su mensaje pascual, el papa Francisco llamó a pensar en un “salario universal” para paliar la crisis generada por la actual pandemia del nuevo coronavirus. Desde 2017, este medio publica entrevistas y traducciones en las que se propone y analiza las posibilidades de ese ingreso que ya es una realidad en Argentina a través del Ingreso Familiar de Emergencia, que alcanzará a casi ocho millones de argentinos.

 

Para entender de qué trata la propuesta de una renta básica o ingreso universal, que no necesariamente coincide con lo planteado por el papa, se reproduce aquí uno de los últimos artículos publicado por autores que sostienen desde hace ya varios años la necesidad de esta medida debido a los cambios profundos en la economía global: una acelerada precarización y desaparición del trabajo y una concentración de la riqueza que amenaza la representación y el poder democrático.

 

“Ante una situación que nadie niega –escriben la periodista Nuria Alabao, el sociólogo catalán Bru Laín y el economista catalán Daniel Raventós– que es ya extraordinaria por desconocida y desastrosa para la inmensa mayoría de la población1, no resulta extraño que la propuesta de la Renta Básica –una asignación pública monetaria incondicional a toda la población– haya sido de las más escuchadas y leídas en los primeros días del actual estado de emergencia. Personas que, según declaraciones propias, nunca habían defendido esta propuesta, ante la gravedad de la situación, la consideren ahora “completamente necesaria”. Hasta el mismo Financial Times publicaba un editorial hace pocos días en el que manifestaba: “La redistribución debe situarse en la agenda; los privilegios de los más ricos deben ponerse en cuestión. Políticas hasta ahora consideradas excéntricas, como la renta básica o la imposición sobre la riqueza deben empezar a considerarse.

 

“Hay quien entiende por Renta Básica las más variadas y rocambolescas formas condicionadas de ayudas para pobres.

 

“Ante el incremento de voces que defienden la Renta Básica, se han podido leer y escuchar alegatos más o menos tradicionales contrarios a la propuesta, pero que se enmarcan en esta coyuntura tan extraordinaria. Una pequeña pero muy representativa muestra de dichas objeciones a la Renta Básica que encontramos últimamente, es la siguiente:

 

“1) Las ayudas deben dirigirse a quienes “más lo necesitan” y, por tanto, deben excluirse a quienes sobrepasan un determinado umbral de renta, a "quien no la necesita". Dicho de otra forma: la universalidad de la renta básica en esta ocasión es de lo menos oportuno. Se trata de un prurito puntilloso que aqueja a sus defensores.

 

“2) Los recursos empleados para financiar la renta básica deberían detraerse de otros servicios imprescindibles como los servicios universales de sanidad y de la educación públicas. Esta es una propuesta desde todo punto inadmisible, más aún en un momento en que dichos servicios universales más requieren de mayor financiación.

 

“3) La renta básica no es una medida que por sí sola pueda solucionar los problemas inmensos que la crisis pandémica –y, añadimos, la situación previa económica de la que partíamos que ya apuntaba negrísimos nubarrones en el horizonte– está generando.

 

“Aclaraciones:

 

Quienes “más lo necesitan”

 

“No hay duda de que la universalidad de la renta básica resulta contraintuitiva para algunas personas. ¿Por qué van a recibirla también los ricos?, ¿por qué no concentrar esfuerzos en quienes más lo necesitan? Es sabido que cuando se establece una línea o umbral, podemos cometer dos tipos de errores: el falso positivo y el falso negativo. El primero aparece cuando alguien “pasa la prueba” y no debería hacerlo, el segundo cuando alguien “no supera la prueba”, pero debería haberla superado. Como bien explica Scott Santens:

 

“Un estudio de ayudas condicionadas en 30 países encontró un promedio de error sorprendentemente alto. Si su objetivo fuese llevar comida a los desnutridos, ¿piensan que condicionar la asistencia a los que están en el 40% inferior se traduciría en una asistencia a la mayoría de los desnutridos? Puede que lo piensen, pero según el estudio, te faltaría un enorme 50% de ellos. Otro estudio con 38 programas de ayudas en 23 países encontró que apuntando a la pobreza se excluye entre el 44% y el 97% de las personas a las que los programas están destinados a llegar. Así de fácil es trazar una línea y dejar fuera a la mayoría de las personas a las que se quiere ayudar.”

 

“En un estudio reciente se develó que quienes perciben ayudas como “merecedores” y quienes no la perciben como “no merecedores” se dividen de forma muy marcada en relación a su satisfacción con el gobierno: entre los primeros aumenta un 0,6%, en los segundos disminuye un 10,5%. Lo que equivale a mostrar que la valoración negativa del gobierno es 17,5 veces superior que la positiva. Un gobierno debería tener esto en muy cuenta.

 

“Y la objeción que creemos más importante: si una Renta Básica se financia, como se ha propuesto, mediante una reforma del impuesto a la riqueza que beneficie al 80% de la población menos rica (la situada por debajo del 20% más rico), quien “no lo merece” lo pagará en la declaración de impuestos correspondiente. Aún más, en la situación tan extraordinaria que vivimos, se ha propuesto algo todavía más sencillo por la convicción de la urgencia que debe adoptarse: que se dé a quien lo pida sin comprobaciones largas e inútiles a priori. Y si alguien “que no lo merece” la pide y la recibe, que se le descuenta en la declaración de impuestos del 2021. El Estado tiene muchos recursos para que “quien no lo merezca” no se aproveche de la situación. Pero lo importante es que quien lo necesita la reciba seguro. De ahí la conveniencia de la universalidad.

 

Recursos

 

“Los recursos de la Renta Básica no tienen por qué detraerse de servicios universales imprescindibles como la sanidad y la educación públicas. De hecho, quienes defendemos que la Renta Básica tiene que convertirse en una herramienta de emancipación, su implementación debe ir pareja a la defensa y a la ampliación si cabe de los mecanismos de renta indirecta como son los principales ejes del estado del bienestar: salud, educación y dependencia. Es por ello que, en el mencionado modelo de financiación no se detrae ni un céntimo de todos estos servicios, aunque podrían detraerse perfectamente de otras partidas presupuestarias, como el ejército, etc. Y pueden obtenerse también otros ingresos con un marcado objetivo más igualitario. Veamos un ejemplo en España: si solamente se implantase un impuesto del 10% al decil más rico de la población (sin contar su vivienda de residencia), podrían obtenerse más de 84.000 millones de euros2. Repárese que aquí no se tiene en cuenta el dinero que los más ricos tienen en paraísos fiscales y solamente se contabiliza la riqueza conocida. 84.000 es una cantidad impresionante. Aun así, este 10% de la población seguiría siendo rica, sin lugar a dudas. Otro ejemplo: también podría implantarse un impuesto según el nivel de riqueza, tal como propone Piketty en su último libro Capital e ideología: a quien disponga de 100 veces el patrimonio medio, se le aplicaría un tipo del 10%; a quien lo tenga de 1.000 veces, del 60%; a quien lo tenga de 10.000 veces, del 90%. Posibilidades hay muchas.

 

“Entramos así en una cuestión fundamental: la necesidad de replantear democráticamente los derechos de propiedad. Las grandes constituciones republicanas –la mexicana de 1917, la de Weimar de 1919 o la de la segunda república española de 1931, entre otras– especificaron claramente que la propiedad privada debía estar al servicio del interés público. Pongamos solamente lo que decía la mexicana: “la nación tendrá el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”. Lo que ya se ha convertido en un clamor es que no puede mantenerse el nivel acelerado de desigualdades emprendido a partir de las últimas décadas del siglo pasado. Recordemos que el reino de España se ha convertido en el tercer país con mayor desigualdad de la Unión Europea, sólo por delante de Lituania y Letonia. Y esto es así, no solamente porque las riquezas inmensas no generan –en contra de lo que se viene diciendo machaconamente por parte de sus apologistas– mayores niveles de eficiencia3, sino también y muy especialmente porque las grandes riquezas suponen una amenaza a la libertad de la mayoría. Como decía un filósofo del derecho, no hace mucho: “la institución de la propiedad privada no puede considerarse legítima cuando unos pocos poseen todo y el resto nada”. Los actuales oligarcas, quienes poseen inmensas y desproporcionadas fortunas, disponen de sobrados medios para que los gobiernos vayan a su favor mediante amenazas, sobornos y presiones. En este caso, no es el criterio de mayoría democrática el que prevalece, sino el de la mayoría de riqueza. Criterio no democrático por excelencia.

 

La medida

 

“Por supuesto que la Renta Básica no es una medida que por sí sola pueda hacer frente a todos los problemas planteados antes, durante y después de la crisis del coronavirus. Nadie defiende semejante simpleza. La Renta Básica sería una medida, sin duda de gran envergadura, de política económica. Pero la política económica está formada por un conjunto muy amplio de medidas fiscales, monetarias, laborales. Esto es lo que diferencia precisamente las propuestas de izquierda y de derecha de la Renta Básica: 1) cómo se financia –que es como decir qué parte de la población gana y qué parte pierde– y 2) las medidas que deben acompañarla. Nadie propone la Renta Básica como la única salida a los problemas originados por el coronavirus, pero sí es una medida que apunta a posibles horizontes post-capitalistas o, por lo menos, de mejora muy sustantiva de los actuales estados del bienestar, tanto para ahora mismo, como sobre todo para cuando haya pasado el actual estado de emergencia.”

 

[Este texto es una versión de un artículo que se publicará actualizado en el n. 26 de la revista Barcelona Societat, (Àrea de Drets Socials, Justícia Glocal, Feminismes i LGTBI, del Ayuntamiento de Barcelona).]

 

NOTAS:

 

1 El FMI prevé que el año 2020 tendrá la peor recesión desde 1929. La OIT prevé la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo solamente de aquí a junio.

 

2 Agradecemos a Jordi Arcarons el cálculo y cesión de estos datos.

 

3 Que entrenadores y futbolistas radicados en el reino de España ganen 60.000. 100.000 y hasta 350.000 euros netos al día, y médicos de urgencia, cajeras de supermercado y personal de limpieza ganen respectivamente 110, 30 y 35 euros brutos al día, no soporta ninguna racionalidad. Y si cuantificamos las fortunas de los Ortega, Botín… la desproporción es aberrante, se mire como se mire.

 

El artículo completo se puede leer en SinPermiso.

 

Edición: Cruz del Sur. Se respetaron todos los hipervínculos del original.

 

Otras publicaciones sobre Renta Básica en este medio:

 

El futuro del trabajo

 

El trabajador es el corazón del algoritmo

 

La democracia corrompida

 

La clase que va a liderar el cambio

 

Para entender el capitalismo financiero

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