Economía
10-04-2019
El eterno retorno del ajuste

La economista y periodista Julia Strada analiza las variantes económicas más urgentes y habla en esta entrevista de su trabajo al frente del Centro de Estudios de Economía Política: “Vemos que cíclicamente la sociedad argentina vuelve a creer que la ortodoxia es una salida”, dice. La masa salarial de las mujeres, señala, es 27 por ciento más baja que la de los hombres.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Julia Strada se doctoró en economía en estos días, casi al mismo tiempo que un homenaje a su padre, el dirigente sindical Aldo Strada, la llevaba a Villa Constitución, hace dos semanas, para recordar a aquellos delegados gremiales que no sólo enfrentaron el poder de una patronal respaldada con el plomo militar, sino que también le disputó poder a una burocracia sindical que hasta hoy persiste.

 

En sus columnas en el canal C5N, en sus intervenciones radiales pero, sobre todo en su trabajo en el Cepa (Centro de Estudios de Economía Política argentina: CentroCepa.com.ar), el trabajo de Strada se parece al de una docente: su pedagogía apunta en cada ocasión a desarticular el discurso de la economía ortodoxa, pensada para los grandes centros de poder mundiales que en el Río de la Plata sólo trajeron hambre y hecatombe económica.

 

—Hubo una resolución del Central muy debatida en medios alternativos que habilita a los bancos a llevar el total de sus depósitos a Leliq, ¿hay un riesgo real de que se genere un nuevo corralito? ¿A quiénes afectaría?

 

—Considero que sí, que hay un riesgo, pero que ese riesgo tiene que ver con la salida de este esquema de Leliqs. No es un riesgo de corralito sino que es uno de monetización, que tiene que ver con licuación a través de megadevaluación, de la bomba de Leliqs. O un riesgo de conversión de esas Leliqs a bonos del tesoro. Eso sí generaría un impacto fuerte sobre el sostenimiento de los plazos fijos porque la contraparte de las Leliqs son los plazos fijos que los bancos generaron con los depositantes.

 

—Se habla mucho de la crisis de 2001, pero ¿podría la crisis actual ser más parecida a la de 1989? ¿Estamos cerca de una hiperinflación?

 

—Creo que la inflación de este año va a estar en torno al 40 por ciento, si el dólar no se mueve. Si el dólar se mueve va a subir más, de acuerdo a cómo suba el dólar, con lo cual este año no hay meta de inflación. Puede ser un año de hiperinflación sólo si se dispara el dólar. Si no, no es 1989. Pero, si efectivamente se produce una corrida masiva puede terminar siendo como en el 89.

 

—El fin de semana el diario Tiempo Argentina difundió un video sobre CEPA en el que decías que es necesario construir un sentido común antihegemónico sobre temas económicos, sin embargo, a 36 años del fin de la dictadura, ciertas cosas básicas como la deuda quedan desplazadas del debate público. ¿No hay experiencia de las catástrofes económicas?

 

—Bueno es interesante lo que decís sobre el sentido contrahegemónico, que es un poco lo que decía en ese video y es nuestro desafío cotidiano, desde el Centro de Estudios de Economía Política Argentina. Claramente lo que vemos es que cíclicamente la sociedad argentina vuelve a creer que la ortodoxia es una salida, que vía ajuste fiscal, ordenamiento de las cuentas públicas, puede haber una salida para mejorar la macroeconomía y es muy difícil desmitificar eso. Por eso es más que nunca indispensable que las escuelas económicas heterodoxas crezcan en su nivel de llegada a la población en general. Eso se hace a través de planes de estudio para que los economistas que hablan de economía y básicamente son egresados de las universidades nacionales no reproduzcan la economía de los grandes centros de poder. Pero también para hablarle a la gente. Son dos vías distintas.

—Señalaste en varias ocasiones que la crisis golpea más fuerte a las mujeres, ¿podrías recordar por qué?

 

—Las mujeres tenemos dos puntos más de desocupación. En el caso de las mujeres menores de 30 años, en comparación con los varones, tienen cinco puntos más de tasa de desocupación. Las mujeres tenemos unos cuatro puntos más de empleo no registrado. Los varones están en 31, las mujeres, en 35, casi 36 por ciento. Las mujeres tenemos una brecha salarial de 37 por ciento respecto a los varones, lo cual no significa que a igual tarea hay un 27 por ciento menos de salario, sino que la masa salarial de las mujeres es un 27 por ciento menor a la masa salarial de los varones. Y ese es el principal problema: que las mujeres hacemos profesiones que se consideran “feminizadas” y esas profesiones valen menos en esta sociedad capitalista, como por ejemplo limpiar baños, cuidar pibes, dar clases; mientras que hay profesiones altamente masculinizadas como todas las que tienen que ver con la industria –si uno va por ejemplo a la construcción o al sector petrolero– ahí lo ves: en el sector petrolero los salarios son mucho más elevados que en otras actividades feminizadas. Además, cuando golpea la crisis las mujeres son las primeras en cargar sobre sus espaldas el trabajo no reproductivo que quizás antes podían pagar, podían tercerizar pagando a otras mujeres –de ese círculo no se sale– entonces recae sobre las mujeres una doble jornada laboral más pesada.

 

—Hace unas semanas participaste de un homenaje a tu padre Aldo Strada en Villa Constitución. ¿Cómo ves el escenario sindical actual, con una CGT que es la gran ausente de la defensa de los trabajadores?

 

—Precisamente cuando le hicimos el homenaje a mi viejo lo que reivindicamos era su enorme compromiso en el marco de una decisión militante de ir a las fábricas en 1974, cuando llegó del norte de la provincia de Santa Fe, de San Justo, a Rosario, y ahí fue a militar al cordón industrial y pasó por varias fábricas: Estexa, Fader y, después, Acindar. Y la verdad que ese recorrido lo hizo parte de una clase trabajadora que finalmente fue su decisión de vida y siempre entendió que el sindicalismo era una manera de hacer política, desde la representación y la persuasión de la clase trabajadora, no era sólo lucha gremial, también era política. Y lo que me parece que falta en esta etapa es entender que el sindicalismo tiene que hacerse cargo de esa lucha política que estamos atravesando para redistribuir mejor el ingreso, porque no alcanza con mejorar las paritarias de algunos sindicatos , sino que hay que disputar políticamente el modelo de país. Y eso es algo que en el caso de la CGT queda un poco desdibujado. Si uno va a la última movilización, el hecho de que no haya habido documento, que no haya habido oradores, que no quede tan claro el impacto negativo que tiene el desembarco del Fondo Monetario Internacional para la clase trabajadora –todos lo sabemos, lo damos por hecho, pero no quedó claro en la posición de la CGT– es un problema.

 

—¿Qué posibilidades hay de que el paquete que incluye el relanzamiento de Precios Cuidados genere más consumo?

 

—En realidad el objetivo de que precios cuidados generen más consumo es un objetivo del gobierno. Si se cumpliera seguramente generaría más consumo. No tengo dudas. Si decidieran aplicarlo con aumentos más bajos que el promedio de la inflación habría una canalización del consumo. Eso si se cumpliera, si hubiera una señalización visible en los supermercados.

 

—Hay informes que señalan que el Banco Nación está siendo vaciado, ¿en qué podría terminar eso?

 

—No lo sé, porque no estuve en la última discusión sobre el Banco Nación. Lo que puedo decir es que hubo varios intentos de privatizarlo. En Santa Fe, como sabés, se privatizó con (Carlos) Reutemann el banco de Santa Fe. Quieren meter directores extranjeros en el Banco Central, así que destruir el patrimonio del Banco Nación puede ser el precedente para privatizarlo.

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