Toni Negri: "Comenzar a construir nuevas formas de comunidad"


Joselina Berraz Montyn | Cruz del Sur



El filósofo y pensador post-marxista, Antonio Negri, estuvo en Rosario convocado por la Facultad libre, para disertar sobre “Subjetividades políticas y filosofía”. El intelectual, que actualizó las categorías marxistas dándole un nuevo significado a la lucha comunista, habló también sobre su experiencia personal como militante y sobre los actuales desafíos de la izquierda. 


—¿Podríamos decir que el comunismo llega a usted, más que como una herencia familiar, a través de la experiencia personal de la vida en comunidad?


—Yo tuve una educación muy laica y luego, sí he tenido experiencias que me han aportado el contacto con una forma de vida de tipo más bien comunista. Por ejemplo, en el kibutz, en la época heroica de la construcciones de Israel de un lado y, por otra parte, a través de la vida campesina en Sicilia. Ese era un mundo muy extraño, reducido como a un sistema feudal de organización social. Y han sido experiencias muy importantes. Yo digo siempre que soy primero comunista antes que marxista. El marxismo me ha servido luego, para dar una construcción intelectual a aquello que era una apertura no egoísta a los otros. La vida de un joven en la época de posguerra en Italia era una vida muy dura y después de la destrucción del mundo, soñaba con reconstruir el horizonte.


—¿Cómo evolucionan posteriormente estas ideas?


—Pasa tiempo, soy profesor universitario y comienzo después a dictar cátedra de jurisprudencia en Padua y a estudiar el marxismo y también a trabajar con muchos operarios en una grandísima fábrica italiana de la Fiat, en Torino, y en la industria química, en la Montedison de Porto Marghera. El marxismo llega entonces recién a los 30 años. Era a la vez  militante y activista. Llegan los años 60 y 70 que son fundamentales en la crisis de la estructura industrial fordista clásica y vivo desde el interior este paso histórico de la organización industrial. Vivo la esperanza comunista de muchos compañeros. En este punto se produce una acuerdo entre el Partido Comunista Italiano y la Democracia Cristiana, en lo que se llamó “Compromiso histórico”: un pacto entre la mayoría comunista, que alcanzaba un 35 o 36%, y la Democracia Cristiana, que era el gobierno del centro y de la burguesía. El partido elige esa alianza antes que unirse con la clase obrera. Ese es el momento en que se despliega una lucha muy pesada y profunda y allí llegan los años violentos. “Los años de plomo”, en donde se producen situaciones muy equívocas y donde el mismo estado es quien pone las bombas. Luego, estoy en prisión desde el 79 hasta el 83, año en que soy liberado al ser electo diputado del parlamento. Me quedo 3 o 4 meses en Italia hasta septiembre del 83, pero la cámara de diputados revoca mi privilegio de inmunidad y yo huyo a Francia protegido bajo la doctrina Mitterrand que me concede la libertad. Allí me quedo 14 años, hasta 1997.


—¿Cómo influyeron en su pensamiento los años en la cárcel?


—En la cárcel hicimos una autocrítica entre muchos compañeros y como parte de este proceso, una crítica a la lucha armada, que evidentemente fue muy maquiavélica y se realizó en una relación de fuerza desfavorable. En segundo lugar, se hizo también una crítica muy teórica que tuvo que ver con aquellas transformaciones de la clase obrera de la sociedad italiana y la europea que impedían la toma del poder. Se trataba de encontrar una forma de reorganizarse; encontrar una vuelta comunista. Para nosotros, la vieja lógica comunista estaba terminada y se iniciaba un nueva fase que reconocía un nuevo sujeto revolucionario, “la multitud”, que será la gran temática de los 80 y 90, sobre la que tuve la suerte de poder escribir un libro.


—En todo este proceso, ¿cómo se ha mantenido su convicción personal?


—Es un camino muy complicado y no son decisiones personales. Siempre me he sentido al interior de un movimiento. Cuando estuve en la cárcel descubrí los escritos filosófico-políticos de Baruch Spinoza, por ejemplo, que para mi fueron muy importantes. Evidentemente no es que todo el movimiento estaba leyendo Spinoza, pero para mí significó descubrir en ese pensamiento político hereje, propio del siglo XVII, el nuevo espíritu revolucionario. Y hay una característica muy propia de la izquierda italiana que es prestar atención a la relación entre la teoría y la práctica. Cuando se llega a esta nueva fase, este nuevo sujeto en el proceso de transformación es un descubrimiento que tiene una intelectualidad muy importante en el proceso y que aumenta este carácter teórico. Entonces, para regresar a tu pregunta inicial, “para mi” sí hay una transformación, pero ha sido una transformación moral y ética y que se ha dado en una autocrítica profunda de aquello que sucedió en los años 70. Y por otra parte, también ha habido un crítica muy importante teórica.


—En sus obras hace una actualización de la visión marxista aplicada a esta nueva realidad. ¿Qué significa entonces ser comunista hoy?


—En primer lugar, significa reconocer que el capitalismo ha fallado en su misión de liberación o emancipación de la humanidad a través del mercado, generando una crisis continua que llega a determinar situaciones de miseria y de guerra. Cuestiones muy dramáticas que hemos podido observar en los últimos dos siglos. Desde 1800 en adelante tuvimos Hiroshima y Auschwitz, que son productos del capitalismo, y tuvimos también la gran crisis de los años 20 y de los primeros años del 2000. Y en segundo lugar, significa comenzar a construir una nueva forma de vida desde ahora. Hoy la lucha no es la de destituir y conquistar el poder, sino que es una lucha por comenzar a construir nuevas formas de comunidad. Pero no una pequeña comunidad de personas que se aman, eso es el cristianismo. El comunismo es una forma de construir una sociedad de hombres libres en la cual el interés de cada uno coopere con el de los demás. Donde el egoísmo individual reconoce que se está mejor estando juntos. Es descubrir verdaderamente el significado profundo de vivir juntos, trabajar juntos y construir el lenguaje juntos.

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Sábado 16 de Noviembre de 2019
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