El capitalismo pandémico
Naomi Klein, autora de La doctrina del shock, analiza en esta entrevista cómo la crisis mundial del coronavirus puede ser una nueva oportunidad para las élites de forzar su agenda para cercenar derechos y acumular más dinero. El sistema sanitario y laboral estadounidense –donde se realizó esta conversación– es deficiente a la hora de afrontar la epidemia.

 

Marie Solis | Vice.com*

 

El coronavirus es oficialmente una pandemia mundial que hasta ahora ha infectado diez veces más personas que el SARS de 2003. En EEUU, escuelas, universidades, museos y teatros, cierran sus puertas; y pronto, ciudades enteras harán lo mismo. Los expertos advierten que algunas personas, sospechosas de estar infectadas por el virus en EEUU, prosiguen su rutina cotidiana. Porque su empleo no les permite licencias pagas dadas las deficiencias del sistema privatizado de salud norteamericano.

 

La mayoría no sabe qué hacer ni a quién escuchar. El presidente Donald Trump ha rechazado las recomendaciones de los centros de control y de prevención de enfermedades; y estos mensajes contradictorios han reducido nuestro margen de maniobra para atenuar los daños causados por este virus tremendamente contagioso.

 

Son las condiciones perfectas para que los gobiernos y la élite mundial desplieguen programas políticos, que de otra forma, encontrarían gran oposición si no estuviéramos todos tan desorientados. Esta cadena de acontecimientos no es exclusiva de la crisis creada por el coronavirus; es el proyecto que los políticos y los gobiernos persiguen desde hace décadas, conocido con el nombre de “doctrina del shock”, término inventado por la activista y autora Naomi Klein en un libro del mismo nombre de 2007.

 

La historia es una crónica de “shocks”: los de las guerras, las catástrofes naturales y las crisis económicas, y de sus consecuencias. Estas consecuencias se caracterizan por el “capitalismo catástrofe”; mediante “soluciones” calculadas y de libre mercado para las crisis que estallan y exacerban las desigualdades existentes.

 

Según Klein, asistimos ya a un capitalismo catastrófico en el terreno nacional; para responder al coronacirus, Trump ha propuesto un plan de estímulo de 700 mil millones de dólares que incluye reducción de cargas sociales (que devastarán la seguridad social) y proporcionará una ayuda a las industrias que pierdan oportunidades de negocio causadas por la pandemia: “No lo hacen porque crean que es el medio más eficaz para paliar el sufrimiento causado por la pandemia; formulan tales ideas porque ven una oportunidad para desplegarlas”, ha declarado Klein.

 

En esta entrevista de la revista estadounidense VICE se le preguntó a Klein sobre la forma como el “shock” del coronavirus cede su lugar en la cadena de acontecimientos que describió hace ya más de diez años en La doctrina del shock.

 

–Empecemos por lo esencial. ¿Qué es el capitalismo de catástrofe? ¿Cuál es su relación con la “doctrina del shock”?

 

—La forma como defino el “capitalismo catástofe” es muy simple: describe la manera como las industrias privadas emergen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación sobre las catástrofes y la guerra no es un concepto nuevo, pero se ha profundizado claramente con la administración (de George W.) Bush a partir del 11 de setiembre, cuando el gobierno declaró este tipo de crisis de seguridad sin plazo, y simultáneamente la privatizó y externalizó; esto incluyó el Estado de seguridad nacional en la privatización, así como la invasión y ocupación (privatizada) de Irak y Afganistán.

 

La “doctrina del shock” es la estrategia política que consiste en emplear las crisis a gran escala para hacer avanzar políticas que profundicen sistemáticamente las desigualdades, enriqueciendo a las élites y debilitando a los demás. En tiempos de crisis, la gente tiende a concentrarse en las urgencias cotidianas para sobrevivir como sea y tiende a contar sobre todo con los que están el poder. En épocas de crisis, desviamos un poco la mirada, lejos del juego real.

 

—¿De dónde viene esta estrategia política? ¿Cómo trazar su historia en la política norteamericana?

 

—La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta de Milton Friedman al programa del New Deal. Este economista neoliberal creía que todo iba muy mal con el New Deal en Estado Unidos: para responder a la Gran Depresión y al Dust Bowl (N.deT.: Tormentas de polvo: un fenómeno que se dio entre 1934 y 1940 que azotó los agrocultivos del centro de EEUU y Canadá y barrió con las cosechas) surgió un gobierno mucho más activo en el país, que se propuso resolver directamente la crisis económica en la época creando empleos públicos y ofreciendo ayudas directas.

 

Si se es un economista del libre mercado, comprenderá que cuando los mercados quiebran, hay preparado un cambio progresivo que es mucho más orgánico que el tipo de políticas de desregulación que favorecen a las grandes empresas. La doctrina del shock se desarrolló como un medio de evitar que las crisis cedan el lugar a momentos orgánicos en los que surjan políticas progresistas. Las élites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son la ocasión para hacer avanzar su lista de prioridades de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

 

—Actualmente estamos confrontados con múltiples crisis: una pandemia, falta de infraestructuras para resolverla y hundimiento de la bolsa. ¿Podría explicarnos como cada uno de estos elementos se inscribe en el esquema que usted ha descrito en la Doctrina del shock?

 

—El shock en realidad es el mismo virus. Se le ha tratado de manera que maximice la confusión y minimice la protección. No creo que sea una conspiración; es justo la forma como el gobierno norteamericano y Trump han gestionado, completamente mal, esta crisis. Hasta ahora Trump ha tratado esta situación, no como una crisis de salud pública, sino como una crisis de percepción y un problema potencial para su reelección.

 

Es el peor de los escenarios, máxime si se tiene en cuenta el hecho de que Estados Unidos no dispone de un programa nacional de salud y que la protección de la que se benefician los trabajadores es muy mala: por ejemplo, la ley no establece prestaciones por enfermedad. Esta combinación de fuerzas ha provocado un choque máximo. Va a explotarse para salvar industrias que están en el núcleo de las crisis más extremas a las que hemos de enfrentarnos, como la crisis climática: la industria aérea, la petrolera y la del gas, la de los cruceros, y quieren consolidar todo esto.

 

—¿Cómo hemos visto esto antes?

 

En La doctrina del shock hablo de lo que pasó después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Heritage Foundation se reunieron para crear una lista de soluciones “pro libre mercado” para el Katrina. Podemos estar seguros de que ahora se hará el mismo tipo de reuniones. De hecho, la persona que presidió el grupo Katrina fue Mike Pence (NT: el vicepresidente evangélico de ultraderecha, quien preside hoy el comité nacional del Coronavirus). En 2008, ese movimiento se tradujo en el salvamento de los bancos, cuando los países les entregaron cheques en blanco, que finalmente se elevaron a varios miles de millones de dólares; pero el costo real de esta situación tomó la forma de amplios programas de austeridad económica (reducciones ulteriores de servicios sociales). Así que no se trata tan solo de lo que pase ahora, sino también de la forma como lo pagarán en el futuro, cuando se presente la factura de todo lo que se debe.

 

—¿Hay algo que pueda hacerse para mitigar el daño de este capitalismo de desastre que ya estamos viendo en la respuesta al coronavirus? ¿Estamos en una mejor o peor posición que durante el huracán Katrina o la última recesión mundial?

 

—Cuando una crisis nos pone a prueba, o bien retrocedemos y nos desmoronamos, o crecemos y encontramos reservas de fortaleza y compasión de las que no sabíamos que éramos capaces. Esta será una de esas pruebas. La razón por la que tengo alguna esperanza de que podamos elegir evolucionar es que, a diferencia de 2008, tenemos una alternativa política tan real que propone un tipo diferente de respuesta a la crisis que llega a las causas subyacentes de nuestra vulnerabilidad, y un movimiento político mayor que lo apoya.

 

De esto se ha tratado todo el trabajo en torno al Green New Deal: prepararse para un momento como este. Simplemente no podemos perder nuestro coraje; tenemos que luchar más que nunca por la atención médica universal, la atención infantil universal, la licencia por enfermedad remunerada, todo está íntimamente relacionado.

 

—Si nuestros gobernantes y la élite mundial van a beneficiarse de esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para apoyarse mutuamente?

 

—“Voy a cuidar de mí y de los míos, podemos adquirir la mejor póliza de seguro privado de enfermedad, y si usted no la tiene, probablemente es su error, no es mi problema”: he aquí lo que una economía de vencedores mete en nuestros cerebros. Lo que revela en un momento de crisis como ahora, es nuestra interrelación de unos con otros. Comprobamos en tiempo real que estamos mucho más interconectados de lo que nuestro brutal sistema económico nos permite creer.

 

Podemos pensar que estaremos seguros si obtenemos buenos cuidados médicos, pero si la persona que prepara o suministra nuestros alimentos, o que envuelve las cajas, no tiene acceso a cuidados médicos y no puede permitirse los análisis, y aún menos quedarse en casa porque no tiene prestación por enfermedad, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos unos a otros, ninguno estará seguro. Estamos atrapados.

 

Las diferentes formas de organizar la sociedad favorecen o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si se está en un sistema que, como se sabe, no cuida a la gente y no distribuye los recursos de manera justa, entonces nuestro impulso por la acumulación estará en riesgo. Así que estemos advertidos y pensemos cómo, en vez de empecinarse en resolver cómo cuidarse a uno mismo y a su familia, uno puede imaginar la forma equilibrar el modo de interactuar con los vecinos y ayudar a las personas más vulnerables.

 

* Traducción: Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Nota bene: Se respetaron todos los enlaces del original en inglés. Se agregaron aclaraciones entre paréntesis para su mejor comprensión.

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