Economía
31-10-2013
“Toda economía es política”
Se presenta en Rosario el libro “Estoy verde”, con la presencia de Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio, quienes recorren en esas páginas la obsesión de los argentinos por el dólar.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Alejandro Bercovich (Buenos Aires, 1982) tenía menos de un año cuando salió el disco “Clics modernos”, de Charly García, cuyo primer tema lado B era “No me dejan salir”, más conocido como “Estoy verde”, que se convirtió en un clásico instantáneo del rock vernáculo. Un hit como el que 8 años antes, en las páginas de los clasificados del diario porteño La Nación, tuvo la primera oferta de una casa en dólares, en el barrio de Palermo. El dato, junto con el de otras manías argentinas por el dólar, puede leerse en el libro “Estoy verde”, que Bercovich y Alejandro Rebossio publicaron en editorial Aguilar en junio de este año y presentan este viernes (1 de noviembre a las 18.30) en el auditorio Héctor Quagliaro de ATE Rosario (San Lorenzo 1879). El recorrido que hacen los autores de la obsesión nacional por la moneda norteamericana, desde los cueveros que venden billetes al margen de los controles de la Afip hasta los inmigrantes bolivianos que se las ven figurillas para enviar dinero a sus parientes, lo mismo que las consultas a antropólogos y psicólogos pueden llevar incluso al lector a revisar la letra de aquella canción en clave dólar: “Estoy verde, no me dejan salir… Tengo que volverte a ver”. Sí, Charly García se refería a esos billetes con el retrato de George Washington, ¿a qué otra cosa si no?

 

Bercovich se licenció en Economía en la UBA, donde hoy es docente de Macroeconomía, y trabaja como periodista especializado en temas económicos desde 2000. Es miembro del Colectivo de Trabajadores de Prensa (CTP) y escribe en la revista Crisis y en el diario Buenos Aires Económico (BAE); integró las redacciones de Crítica de la Argentina, El Cronista, Página 12 y Perfil. Es columnista de economía en las radios Rock&Pop y Metro y en el canal de noticias América 24.

 

Al hablar con este periodista de Cruz del Sur, Bercovich no sólo reafirma que “la economía argentina es adicta al dólar” (“es el país donde más dólares circulan por habitante con un promedio de US$1.300″, según datos del Tesoro estadounidense), también observa que el Cedin, que recién comenzaba a circular cuando escribieron el libro, “es un reconocimiento de que hay un mercado dolarizado que es el de las casas”.

 

—En “Estoy verde” se aborda la “fiebre argentina por el dólar” de distintas maneras, ¿cuánto influye en la economía el hecho de que las transacciones inmobiliarias en el país se realicen en dólares?

 

—Mucho, es muy perjudicial que tengamos una economía bimonetaria, que está presente en todas las transacciones que involucren un plazo mayor al inmediato. En ese sentido creemos valía la pena dar la disputa por la pesificación que da el gobierno, con la salvedad de que no era el momento, sino que debía hacerse en uno de más abundancia de dólares.

 

—¿Cómo sería eso?

 

—Cada vez que Argentina empezó a crecer faltaron dólares, porque la industria hace que cuando se crece haga falta importar insumos –máquinas y materias primas– y la crisis del balance de pagos es sistemática. El problema es que en el ciclo más importante de crecimiento no se enfrentaron esas debilidades estructurales que hace que aparezcan la crisis.

 

—Cuando redactaron el epílogo del libro, en mayo de 2013, los Cedin aún no se habían puesto en circulación, ¿qué análisis hacés ahora?

 

—Justo arrancaban cuando hicimos el libro, y en el epílogo dijimos que íbamos a tener que escribir otro porque las reglas con el dólar cambian y van a seguir cambiando porque un control así es uno que suele durar mucho. El primero en imponer un control al dólar o la moneda extranjera fue el conservador Federico Pinedo, al estilo del que hoy critica su nieto, el actual diputado del PRO. Es un control que apareció bajo políticas conservadoras, y que en el libro no condenamos. Algunos dicen que la política actual está condenada al fracaso, aunque puede ser usada en función de una estrategia de producción nacional endógena. En un capitalismo súper desarrollado, es legítimo que el estado pretenda influir sobre el destino de las divisas que genera el país. Aunque en Argentina estuvo muy mal hecho y dio lugar a discrecionalidades que no sólo atentan la normas de igualad jurídicas, sino que da pie a episodios de corrupción y genera muchos “agujeros”, como lo que relatamos en el libro sobre de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones.

 

—¿Y las operaciones en dólares que se hacen de modo exclusivo en Uruguay?

 

—Uruguay fue históricamente el lavarropas de Argentina y Brasil, poco hicieron los gobiernos progres uruguayos para cambiar eso.

 

—¿Todo el dinero que se fuga es lavado?

 

—Hay fuga de capitales que no es necesariamente lavado. El lavado de dinero se produce cuando el capital tiene origen espúreo, si proviene de la corrupción o de la venta de armas, pero en general esos 400.000 millones que se dice que están en el extranjero son fugados de operaciones licitas, pero evadieron impuestos.

 

—Asimismo, como lo señala el capítulo dedicado a los cueveros, hay un sector que se benefició con todas estas restricciones. ¿Cuánto influye ese sector en la economía –ya que la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, había dicho hace más de un año que la incidencia del dólar “blue” era mínima?

 

—El que opera el dólar blue es el que antes operaba el legal, el corredor de mercado mayorista de divisas, no apareció un nuevo sujeto social, son los mismos que empiezan a subcontratar mano de obra barata, como los arbolitos. Siempre ganaron los que venden en cada disparada del dólar.

 

—¿Qué sector fue el más afectado, en lo inmediato, con las restricciones al dólar y qué problemas ha generado?

 

—El efecto negativo más grave fue entre los inmigrantes y en el mercado de la construcción. Lo de los inmigrantes me parece muy jodido, porque este país creció con la inmigración y lo reivindica en su discurso histórico. Está muy mal que maltrate cambiariamiente a gente que viene a trabajar de países vecinos y tiene dificultades para enviarle dinero a los familiares que quedaron allá.

 

—Si bien señalan que no es el momento, tu percepción y la de Rebossio con respecto a una posible pesificación de la economía en el país es alentadora, ¿cuáles te parecen que son las razones históricas más fuertes por las que se mantiene la manía de acumular dólares?

 

—No creemos que sea posible “pesificar” ahora, sino que las medidas de control del dólar es el reconocimiento de fracasó el control y tuvieron que salir con los Cedin. Nos preguntamos en el libro, y preguntamos a antropólogos, psicólogos, además de economistas, si hay rasgos patológicos, psicóticos, obsesivos en esta cultura del dólar, pero sobre todo hay razones económicas no porque hayan ganado los que apostaron al dólar, sino porque en cada crisis el que ganó tenía dólares.

 

—¿Cómo es hacer periodismo económico ahora? Es decir: hubo entre los 80 y los 90 una presencia muy fuerte de economistas liberales en los medios, ¿por qué te parece que eso cambió?

 

—Para mí fue el 2001 lo que produjo un cambio en la cabeza de muchos argentinos en mucho aspectos, uno de ellos el fracaso del régimen neoliberal, que también le abrió la cabeza teóricamente a una generación de economistas, y esa apertura llevó a que en el periodismo se vea reflejado un cambio de ideas. Aunque Argentina sigue siendo un país muy volátil donde hay mucho que explicar pero me parece interesante ese cambio de orientación que tuvo como correlato un cambio político importante. Muchos lo adjudican al kirchnerismo, yo prefiero creer que fuimos nosotros los que cambiamos a partir de tocar fondo en 2001.

 

—¿Como si hubiera un predominio de la política sobre la economía?

 

—Toda la economía es política, eso es una idea que vale la pena proyectar.

 

—De los términos más frecuentes en el periodismo económico, ¿cuáles te parecen que deberían aclararse más a menudo?

 

—Mucho se habla sobre superávit fiscal, aunque no siempre se aclara; pero lo más engañoso me parece ese paralelismo que hacen a menudo entre un país y una familia, esto de que en un país no se puede gastar más de lo que ingresa, por ejemplo, como sucede en una familia. Pero pasa por alto que en un país, sobre todo, hay que arbitrar entre factores de poder y lo que está siempre en cuestión es la matriz distributiva de los ingresos, cosa que nada tiene que ver con una familia.

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