Deporte
22-01-2013
Víctor Hugo en defensa propia
El periodista y relator uruguayo hizo publicar un dossier en el que se defiende de las acusaciones de Jorge Lanata y de los autores del libro “Relato oculto”, en el que se vincula a Morales con la dictadura militar en Uruguay.
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Lalo Falcioni / Edición impresa


Hace un tiempo largo que Víctor Hugo Morales dejó de ser solamente un narrador de fútbol para involucrarse de lleno en la puja entre el gobierno nacional y el Grupo Clarín. La nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, algo que el periodista uruguayo viene reclamando desde poco después de su arribo a la Argentina en 1981, fue lo que terminó de convencer al relator del célebre “barrilete cósmico” a ubicarse en la trinchera oficialista. La guerra dialéctica es sin cuartel y se libra todos los despertares desde el programa “La mañana” de Radio Continental y desde las columnas de “el gran diario argentino” y la amplia red de medios del grupo. Pero en el fuego cruzado hay una bala que a Víctor Hugo le entró en el cuerpo y le produjo una herida difícil de cicatrizar: las publicaciones sobre sus supuestas vinculaciones con la dictadura militar uruguaya. 


“Hijos del diablo y una bruja”


El libro “Relato oculto, las desmemorias de Víctor Hugo Morales”, de los escritores uruguayos Leonardo Haberkorn y Luciano Álvarez, y el posterior informe del periodista Jorge Lanata en el programa “Periodismo pata todos” de Canal 13, hicieron explotar de ira al conductor de Radio Continental, quien calificó a los autores de la investigación como “auténticos hijos del diablo y una bruja en una noche de aquelarre”, señalándolos como “mercaderes del amarillismo” y “personajes que jamás podrán hablar de periodismo ante colegas o alumnos de esta carrera” y afirmando que han dañado su “nombre, honor y familia aun después de muerto”.


Ante la publicación del libro en Argentina y Uruguay y la emisión del informe de Lanata, en los que fundamentalmente se hace hincapié en las “visitas al Batallón Florida del Ejército Uruguayo” y la “amistad con el mayor de la dictadura uruguaya Juan Carlos Grosso”, Víctor Hugo Morales tomó la decisión de producir, imprimir y distribuir un dossier de 36 páginas en las que intenta aclarar los hechos por los que se lo señala.


Víctor Hugo distribuyó su revista a un selecto grupo de personas; las que a él le interesa “que conozcan la verdad”, según sus propias palabras. La rudimentaria publicación, despojada de todo lujo estético, contiene dos partes documentadas principales: la información policial reservada con los seguimientos que se hacían al periodista durante los años de dictadura en Uruguay y las carpetas con el fichero general de la junta de comandantes en jefe del Servicio de Inteligencia de Defensa (SID). También se puede leer una aclaración sobre su relación con el mayor Grosso y una larga sucesión de testimonios en apoyo al periodista, entre ellos la adhesión del Frente Amplio del Uruguay.   


Resistiendo al archivo


“La admiración por los que dejan su vida en pos de sus ideales, los que sufrieron tortura y cárcel, los que postergaron el desarrollo de sus vidas tantos años, me llevó a no mencionar mis pequeñas desobediencias y persecuciones”, escribió Morales en la presentación de los archivos. Y a continuación hace un repaso por las oportunidades en que fue convocado por integrantes del régimen para explicar sus dichos y actitudes en sus programas de radio: su narración del gol que Julio Filipini, jugador de Defensor Sporting, le dedicó a su hermano preso por la dictadura en 1976; el espacio que le dio al cántico de los exiliados uruguayos en un partido de la selección celeste en Venezuela; su inusual seguimiento a la campaña de Defensor en 1976, cuando este modesto equipo rompió la hegemonía de Nacional y Peñarol de la mano del profesor José Ricardo De León (reconocido simpatizante del comunismo), la resistencia a transmitir las ceremonias previas a los partidos del sudamericano juvenil del 79 y el Mundialito en el 80 y el 81, que tenían una fuerte carga propagandística; la campaña que hizo desde Radio Oriental en 1979 para que Uruguay participe de los boicoteados Juegos Olímpicos de Moscú.


En marzo de 2012, Víctor Hugo solicitó al gobierno de su país el resumen de la información policial reservada con el seguimiento que se hacía sobre sus actividades diarias en los años de la dictadura uruguaya. El ministerio del Interior de Uruguay le otorgó esos registros, que van desde el 20 de marzo de 1973 al 21 de agosto de 1998 (el régimen dictatorial en el país vecino duró hasta el 28 de febrero de 1985).


Además de cuestiones particulares como el fallecimiento de su madre el 28 de septiembre de 1977 o un accidente que sufrió al caer un ascensor en el que se encontraba desde el noveno piso del edificio del Círculo de Periodistas Deportivos de Montevideo, en los archivos consta un seguimiento minucioso de los movimientos que realizaba el periodista. Por ejemplo, allí se establece que “el 14/07/1978 la Asociación Uruguaya de Fútbol le prohibió junto a Juan Carlos Paullier, transmitir en las canchas uruguayas hasta el 31/08/1978, en carácter preventivo”.


El 6 de marzo de 1980 se da cuenta de su arribo al Aeropuerto Internacional de Carrasco “en vuelo No 956 de S.A.S., procedente de Dinamarca, siendo detenido por personal del Departamento II de la DNII, en virtud de encontrarse requerido por el Departamento del Servicio de Vigilancia”. Víctor Hugo estuvo 23 días preso en las dependencias de la Jefatura de Policía de Montevideo: “Fui traído desde Europa como un delincuente por una pelea de muchachos de las que hay decenas cada semana, impidiendo que relatara nada menos que una gira de la selección por países europeos”, cuenta Morales en su revista.


El 12/07/1984 se informa que “estuvo a cargo de la conducción del acto en homenaje a CX 30 La Radio y a su director José Araujo”, periodista que desde sus audiciones fue un emblema de la resistencia contra la dictadura en Uruguay. El evento fue organizado por el Frente Amplio, en el que Morales empezó a militar. En esos ficheros también hay un detalle de todas las notas y entrevistas que otorgaba o firmaba el relator, entre ellas una brindada el 27 de agosto de 1985 a la revista GENTE confesando su opinión favorable hacia el accionar de los Tupamaros. Más tarde se da cuenta de su apoyo al Referéndum para derogar la Ley de Caducidad que eximía de culpabilidad a los máximos
responsables de la dictadura cívico-militar en Uruguay.


El capítulo siguiente son las carpetas del fichero general del Servicio de Inteligencia de Defensa (SID), que consiste en información ampliada del seguimiento anterior. Se agregan testimonios del ministro del Interior de Uruguay, Eduardo Bonomi, de la presidenta del Frente Amplio, Mónica Xavier, y del senador nacional del mismo partido, Rafael Michelini. “El seguimiento se hacía a quienes consideraban que era una persona que podía tener actividades contra la dictadura”, explicó Bonomi, quien soportó 12 años de prisión en aquel tiempo. 


El tema Grosso


Víctor Hugo reconoció que sus encuentros con el mayor Juan Carlos Grosso se convirtieron en la pieza fundamental del “armado periodístico” de la revista Noticias y del Grupo Clarín, y también del informe presentado por Jorge Lanata. El periodista uruguayo asegura que la historia de cómo se conocieron con el militar una noche de lluvia en un restorán de la calle Constituyente “es inventada”. Morales cuenta que ambos se trataron en “los dos partidos de fútbol jugados en el Batallón Florida, uno interrumpido por agarrarnos a patadas mal y el segundo con final grato y almuerzo en el casino de oficiales entre diez o doce periodistas y una veintena de ellos (militares)”.


En el libro “Relato oculto”, Grosso declara que Víctor Hugo estuvo “muchas veces” en el Batallón Florida. Víctor Hugo responde: “Para eso muestra dos fotos y una grabación, cuenta una historia irrelevante y absurda que sirve a los intereses de quienes procuran mi linchamiento mediático en la Argentina”.


Unos meses atrás, Lanata cerró su informe de domingo por la noche diciendo: “¿Se imaginan a Víctor Hugo jugando un picadito en la ESMA?”, comparando a la ex Escuela de Mecánica de la Armada con el Batallón Florida. Morales admite que conocía al mayor Grosso y muestra una nota suya en el diario El País donde cuenta su relación con el militar. Pero a la vez afirma que “cualquiera en Montevideo sabe que Grosso no estuvo salpicado por nada que permita esa comparación con la ESMA de Buenos Aires, lugar de atrocidades que avergüenzan a la humanidad”.


Respecto de la grabación que se dio a conocer, en la que el relator despide a Grosso, que partía hacia India, con la palabra “amigo”, Morales confiesa en la revista que “agradecería otra vez su buena disposición y su amistosa cercanía”, ya que había sido “un persistente consejero en tiempos difíciles con palabras como <muchachos cuídense, no se pasen de la raya; no les puedo decir mucho, pero no crean que no se dan cuenta>”.


Por último, Víctor Hugo denuncia que conocía la “inversión” que estaba haciendo Clarín en Uruguay para manchar su nombre: “Se lanzaron hacia dos historias al mismo tiempo. Una prostibularia, por la que yo habría sido cafiolo, y la de Grosso. Por ahora quedó sólo esta”, remató.

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