Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Al terminar 2016 Gustavo Emilio Ng (su nombre chino es 伍志, Ng Zhiwei) publicaba su primer anuario del horóscopo chino en editorial Atlántida, el del año del gallo. Decía entonces de Rosario: “Si se toma en cuenta que fue declarada ciudad en 1852, año de la Rata, es posible que los conflictos se agudicen en el choque de intereses contrapuestos”. En diciembre de 2017 la misma editorial puso en circulación el “Horóscopo chino. El año del perro de tierra”, animal totémico para los nacidos en los años 1910, 1922, 1934, 1946, 1958, 1970, 1982, 1994, 2006 y, claro, 2018.

 

Nacido en San Nicolás, Buenos Aires, de padre chino y madre descendiente de vascos, Ng exploró en su primer horóscopo sus mismos orígenes, que completó con viajes a China y la escritura de un libro a medias autobiográfico (“Mariposa de otoño”).

 

Ng, además de desarrollar su faceta de astrólogo, es periodista y estudió Antropología en la UBA. Creó hace seis años la revista Dang Dai, especializada en las relaciones entre China y Argentina. “Hacer contacto con mis orígenes chinos –dice en esta entrevista– me permitió tener a la vista todos mis orígenes. Eso me dio una completud, provisoria, pero que me permite encarar algunas cosas que no podía cuando un costado mío estaba a oscuras”.

 

En tu horóscopo del perro escribiste que este será un año de divisiones, ¿qué significa eso y qué clase de animal es este perro del zodiaco chino? ¿Hay algo mítico en este animal o es el mismo perro vigilante que conocemos por estos lares?

 

El perro tiende a establecer un nosotros automáticamente, creando un otros. Son dos bandos no solamente muy diferenciados, sino opuestos, enemigos. Los otros no son solamente diferentes, sino que son el peligro, la fuente de todas las amenazas, los culpables de todas las calamidades que nos suceden a nosotros. El perro es la criatura gregaria, y también es un ser básicamente de buen corazón, en el sentido puro, del idealista, inclusive iluso, que tiende a idealizar. Rápidamente la realidad lo decepciona, convirtiéndolo en una persona algo amarga y asustadiza, pero como tiene mucha energía, aprende, se sobrepone y lo lógico es que a lo largo de su vida vaya de la amargura a la dulzura, del escepticismo al optimismo, de la vejez a la juventud. Con el tiempo el perro va aprendiendo a reparar lo que para él fue perfecto y luego fue arruinado. Como ser mítico, lo más notable que se podría decir es que es lo animal. De algún modo designa el reino animal, lo que indica que es el animal más cercano al hombre.

 

—¿Por qué el año china comienza en febrero y qué cambios introduce esto en el horóscopo?

 

El año chino comienza entre mediados de enero y mediados de febrero del calendario solar, porque es un calendario lunar. En China hay cientos de calendarios. Los chinos tienden a conservar todo.

 

En tu primer libro sobre el horóscopo chino estaba muy presente tu historia familiar china, como si eso hubiera facilitado la indagación en torno a los signos, ¿cómo trabajaste en este segundo libro?

 

En el libro de este año profundicé el horóscopo chino como una tradición de conocimiento popular. Una epistemología que atravesó durante miles de años y aún atraviesa distintas capas de alfabetización, conocimiento, saberes y erudición. Para eso, viajé a China. Exploré el terreno. Hablé con mucha gente, tomé muchos testimonios, que concentro en tres personajes con los que hablo en los últimos capítulos del libro.

 

—¿Qué devoluciones o respuestas tuviste de las predicciones hechas para el año pasado?

 

La gente se olvida de lo que le preguntó al adivino, el astrólogo, la bruja y otros manosantas. Lo que escuchan en el momento es parte de una escena de emoción alto y efímera. Hay un periodista de San Nicolás, Walter Álvarez, que se ha erigido como fiscalizador de horóscopos. Mi libro del año pasado podría tener utilidad para recapitular el año, pero la gente no hace esas cosas. Pocos hacen un balance serio. Falta sabiduría para eso.

 

Ya con dos libros sobre el horóscopo, ¿cómo te definirías, como un astrólogo chino?

 

El horóscopo de los chinos es una máquina. Estoy aprendiendo a usarla. Me defino como un operario. O quizás, como idóneo. En mi caso, mi modo de usar la máquina es escribiendo. El horóscopo obliga a la escritura oracular, que es en definitiva la escritura en sí para los chinos.

 

Con varios viajes a China en tu haber, ¿cómo definirías la relación China-Argentina en términos “ideológicos”, de modos de ser?

 

Los chinos tienen a pocos centímetros de su espalda el hambre, y adelante tienen un enorme campo en el que necesitan, desesperadamente, progresar. Una madre que conocí le ordenó a su hijo que no se casara con una chica, porque la familia de la chica tenía problemas, y la solución de esos problemas drenaría la energía de la chica, de modo que él no tendría en su esposa alguien que lo apoyara para tener éxito en su carrera. No fue sólo un comentario, insisto, fue una orden. La madre llegó a ponerse un cuchillo en el cuello y decirle a su hijo que si él se casaba con esa chica, ella se iba a degollar. Además de impresionarme la escena, me convenció del valor que los chinos le dan al progreso. Los argentinos estamos muy lejos de eso. Es como si hubiéramos encontrado un atajo. Como si dijéramos que para qué matarse para llegar a estar tirado al lado del agua, con una persona que nos agrada, con un vaso de alcohol, si podemos hacerlo ahora. Algunos chinos valoran eso, encuentran que hay sabiduría en el modo argentino. Por otra parte hay entendimiento entre chinos y argentinos en un tipo de pasión, parecida a la intensidad que intenta describir Claude Lévi-Strauss en “Tristes Trópicos”.

 

Si hubiera una dimensión política del horóscopo, ¿cómo la definirías en relación a este año del perro de tierra?

 

Las características del perro gravitarán sobre todos los órdenes de la vida. En política existirá la habilitación o necesidad de construir lealtades, cierta facilidad para transitar caminos de regularidad y una vocación fuerte para el encono total.

 

Hay una escena en una novela en la que uno de los personajes se arroja el I Ching para responderse un interrogante menor, pero el libro le ofrece una respuesta desmedida, por lo que el personaje decide que su interrogación es inadecuada para esa respuesta. ¿Cómo describirías tu trabajo de interrogación con el horóscopo?

 

Es lo que dije sobre la escritura oracular. El horóscopo se activa ante una pregunta. La activación tiene la misma calidad de la pregunta. El trabajo del astrólogo es utilizar los conocimientos del horóscopo para percibir conocimientos de un segundo orden, no acumulativo, que sólo sirve para responder la pregunta. Es el conocimiento más valioso, porque es la base para tomar decisiones.

 

—¿Qué es lo que más te interpeló de tus viajes a China, qué es lo que incorporaste a tu vida argentina de esa experiencia?

 

Por un lado, hacer contacto con mis orígenes chinos me permitió tener a la vista todos mis orígenes. Eso me dio una completud, provisoria, pero que me permite encarar algunas cosas que no podía cuando un costado mío estaba a oscuras. En lo coyuntural, creo que estoy muy encantado con la forma un poco chiflada que tienen los chinos de ser amigos. Son amigos incondicionales. Un amigo chino me acompañó a unas montañas que yo quería conocer, con un tajo en un pómulo, porque la esposa se enfureció porque en vez de trabajar, decidió acompañarme, y le tiro con un wok. Yo agradezco con una profunda alegría en mi corazón esa amistad, y quisiera parecerme un poco a ellos.

 

—¿Qué dice el horóscopo chino de este año de la Argentina?

 

Lo que suceda será producto de las condiciones que establece el Perro y de las decisiones que tome la gente. Es ridículo decir que el año será bueno o será malo por las condiciones que tendrá. Cualquiera puede pegarse un tiro, y el año habrá sido horrible. Por las condiciones que establece el Perro, la mesa está servida para que los gobernantes se enfoquen en las relaciones humanas. Segundo, para que la sociedad desafíe el gozo profundo que le puede dar el odio. Tercero, los vientos soplan a favor de la ética pura. Podremos convertir el año en una aventura ética. Es un buen año para ejercitar la intransigencia en lo que refiere a principios.

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Miércoles 12 de Diciembre de 2018
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