Charlie Egg: Música, autogestión e Internet


Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

El músico y productor rosarino Charlie Egg acaba de lanzar su último disco, Miedocracia, sucesor de Cronoscopía (2011). Aunque recién en marzo aparecerá en forma de CD, sus seguidores ya lo han descargado y lo pueden escuchar por las distintas plataformas disponibles en Internet.

 

Pionero en la escena electrónica en la ciudad y en el uso de nuevas herramientas tecnológicas para difundir su música, Charlie Egg apostó hace tiempo a la autogestión sin que lo desvele el sueño de firmar contrato con una discográfica ni resignarse a las limitaciones que impone el mercado.

 

“Ya no publicaban discos y entonces había que hacerlos uno mismo. De alguna manera nosotros esperábamos a Internet. Queríamos que la música viajara libre”, dice a Cruz del Sur al rememorar la etapa fundacional del colectivo y sello discográfico independiente Planeta X a mediados de los noventa. 

 

—Hace poco presentaste tu último trabajo, Miedocracia, desde Plataforma Lavardén pero sin público. Lo transmitiste en vivo por Internet. ¿Cómo surgió esa idea y qué repercusión tuvo?

 

—En principio surgió de pensar en presentar Miedocracia en un lugar distinto, que no sea de la forma convencional. Y se me ocurrió que Internet es un no lugar en el que pasamos mucho tiempo y al que accedemos con mucha facilidad. Entonces, hacer ahí la presentación en forma exclusiva era una forma de convertirlo en un lugar. No sé si lo que hice fue novedoso pero al menos es actual, tiene que ver con la forma en que vivimos: estamos conectados a redes sociales, perdemos el tiempo ahí. Por eso me parecía que era bueno darle a Internet ese rango de lugar de encuentro. Antes de hacerlo me costaba explicarlo y no sabía bien qué iba a pasar, pero después me di cuenta que la gente flasheó y que por ese medio pude llegar a muchísimas personas. Nunca hubiera podido juntar a cuatro mil personas en vivo, como fue la cantidad de gente que siguió la transmisión en directo. Hubo gente que lo siguió desde España, de Alemania, de Inglaterra, de Estados Unidos. Eso es el efecto de las redes, que permiten que no haya ningún tipo de limitación. En la Lavardén sólo estaba el personal técnico, porque la idea era justamente que no hubiera espectadores. En marzo sí lo voy a hacer en vivo al disco. Esta vez será con gente y con sonido envolvente, aunque todavía no definí el lugar.

 

—Esta forma de concebir la difusión de la música supongo que también redefine el sentido mismo de un disco, que ya no importa que tenga un soporte físico.

 

—Sí. Aunque en marzo también voy a tener el disco en formato físico, ya se viene escuchando en Spotify, en Youtube y en distintas plataformas. Hace años que la gente dejó de comprar discos. Hoy importa más el proceso de hacer el disco que el destino que tendrá en cuanto al formato. Yo sé qué la gente se encontrará con lo que hago por las distintas plataformas, y eso está bueno porque me permite saber cuántos lo escuchan. En una época convivieron las dos cosas, pero hoy se impone Internet. Los discos salen primero por ahí porque es fundamental. Eso también hizo que ya no se hagan discos largos porque la gente no se detiene mucho tiempo a escucharlos en forma íntegra, como una totalidad. Hoy aparecen temas sueltos, algún video. Mi trabajo para componer y producir sigue siendo el mismo sin que me influya en qué terminará eso.

 

—¿Y eso influye también a la hora de juntarse a tocar en las bandas que dan sus primeros pasos?

 

—No, eso no cambia. El juntarse a tocar sigue intacto. Pero sí hay mucho énfasis en el audio que consigue cada músico. Hay una preocupación por mejorar a ese nivel. La búsqueda hoy pasa más por ahí. Un baterista suena de una forma que no sonaba en los 90 porque hay más información. Conseguís al toque qué tipo se sonido usa tal guitarrista y sabes cómo equiparte y cómo conseguir eso. Antes eso no existía. Hoy tenés toda la información a tu disposición. Hay un montón de personas en el mundo compartiendo data en forma horizontal, sin cobrar.

 

—Vos formaste parte en los noventa de la movida de Planeta X, una experiencia que en Rosario rompió con cierta forma de concebir la música, promoviendo la autogestión. ¿Cómo lo ves en retrospectiva?

 

—Yo soy amigo de todos los rockeros de Rosario, de bandas de distintos géneros, porque yo considero que cada uno debe hacer lo que le dé la gana. En mí caso, la autogestión, el hacer las cosas de una manera que no era tan común en esos años fue novedoso, fue como una bisagra, porque las discográficas ya no publicaban discos y había que hacerlo uno mismo. De alguna manera nosotros esperábamos a Internet, porque hacer un disco físico era una molestia. Nosotros queríamos que la música viajara libre, que la tuviera todo el mundo, sin buscar cobrar por eso incluso. Una cosa anticapitalista, de romper con el modo en que se hacían las cosas. Hay una forma autogestiva que también considera al trabajo de la música como una Pyme. Lo nuestro era más conceptual y político en esa época.

 

—¿Y hoy podés vivir de la música?

 

—Sí, yo vivo de la música. Lo que pasa que eso significa hacer un montón de cosas diferentes con la música. Yo manipulo música todo el día. No es que vivo de mis canciones. Algunos consagrados del rock sí pueden hacerlo. Pero muchos laburamos de la música. Yo produzco artistas, trabajo en ingeniería en sonido para medios audiovisuales, hago música para películas, trabajo en radio, hago sonido en vivo. Lo mío es como cualquier cuentapropista pero con la música. Es lo que hago mejor, lo que me gusta, y hay un mercado para esas cosas. Soy de un clase baja trabajadora aguerrida, banco mi casa y le agradezco mucho a la música porque es una herramienta que me permite vivir de esto. Ese sueño de pegarla con la música es algo antiguo ya.

 

—¿Como definís el concepto de Miedocracia?

 

— El miedo funciona de un montón de formas. Tiene muchas interpretaciones Miedocracia. Prefiero no explicarla mucho porque, como todo hecho artístico, me interés que la gente se pegue su propio viaje. Que cada uno le encuentre una definición. Algunos aportaron cosas que ni se me hubieran ocurrido y que están mejor de lo que yo lo concebí. Hay un eje que atraviesa el disco que tiene que ver con la sociedad, con la lucha de clases, con la falta de equidad como signo de los tiempos. Yo hago mi lectura de que hoy no estamos en el mejor momento, al menos de Latinoamérica. Hoy está todo más direccionado hacia la derecha. Y soy un artista con pensamiento político. No hablo de amor en mis discos. Lo político está muy presente.

 

—¿Cómo es la experiencia de enseñar música electrónica a chicos de barrios de Rosario?

 

—Es genial eso. Doy clases de música electrónica y producción en programas de integración social gubernamentales como el Nueva Oportunidad, de la Municipalidad. Son talleres en los barrios como Cerámica, o Nuevo Alberdi. Hago eje en la música electrónica, que es muy fácil hacerla porque no hace falta invertir en instrumentos caros. Con una computadora se soluciona. En el distrito oeste hay un estudio armado y ahí grabamos las canciones, metemos voces y hacemos videoclips. Lo que prende fuerte es el hip hop y el reggaetón, todo lo latino. Ahí no importa si esas músicas me gustan o no a mí, yo los ayudo a hacer lo que ellos quieran, a que se expresen y se organicen para la autogestión y trabajar en equipo. A su vez busco que sean un grupo sólido, que trabajen en forma responsable y que estudien.

 

 

Miedocracia se puede escuchar por medio de las siguientes plataformas digitales:

 

 

Descarga gratuita: http://bit.ly/2xfhcdk

 

Youtube: http://bit.ly/2wUABOa

 

Spotify: http://spoti.fi/2eZoPhd

 

Deezer: http://bit.ly/2wjDfvg

 

ITunes: http://apple.co/2fgNGtN

 

Google Play: http://bit.ly/2wamZRP

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