Miércoles 22 de Febrero de 2012
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Alcatraz, otra isla
Pablo Makovsky | Cruz del Sur

También hay una isla y gente que desaparece y una línea temporal que se quiebra. Y actúa Jorge García (sí, Hugo Reyes, o Hurley), aunque también actúa Sam Neill. La serie de la que hablamos no es Lost, sino Alcatraz, en la que el multifacético J.J. Abrams vuelve a trabajar con la escritora y productora de la serie de la otra isla, Elizabeth Sarnoff. En su país de origen se estrenó el lunes 16 pasado, aquí también, sólo que por internet. Aunque Warner, el canal que la emitirá en febrero en Argentina, puso al aire el episodio piloto el domingo pasado, a modo avant premiere.

Diez millones de televidentes en el estreno, gran expectativa y el atractivo de la legendaria prisión frente a la costa de San Francisco, La Roca, que vimos en películas que tuvieron de protagonistas a Clint Eastwood o a Sean Connery. Qué va a hacer Abrams r con Person of Interest, con Fringe (que reapareció el viernes 13) y con todos los proyectos que lo tuvieron involucrado es algo que quedará para otro momento; por ahora es claro que, habiendo de nuevo una isla, Alcatraz es el lugar donde el hombre debe estar.

El piloto arranca con la voz de Sam Neill que nos dice: “El 21 de marzo de 1963, Alcatraz cerró oficialmente debido a los elevados costos y la decadencia de sus instalaciones. Todos los prisioneros fueron transferidos fuera de la isla. Sólo que eso no es lo que sucedió. Para nada”. Bueno, la cosa es que hay 302 presos que están vivos, tal como eran en el 63, y que aparecen en la actualidad para cometer unos crímenes misteriosos, al parecer por encargo. García, que acá se llama Diego Soto, es un especialista en Alcatraz que hace equipo con la detective Rebecca Madsen (Sarah Jones) y persiguen a uno de esos reos. Y así. La reseña de AV Club se pregunta si la tira nos propondrá seguir al “alcatraceño perdido de la semana”. Es probable que no, que de a poco cobren espesor las historias personales de cada personaje (la detective tuvo a su abuelo en la prisión, Sam Neill –Emerson Hauser en la serie– es el guardia que descubre que todos desaparecieron, en fin), como en Lost.

Pero a diferencia de Lost, Alcatraz padece, en nuestra humilde opinión, del síndrome de Hitchcock sobre los grandes misterios: cómo empardar en el desarrollo de un relato una intriga inicial descollante.

Porque Lost, incluso Fringe, nos fueron introduciendo muy de a poco en su, digamos, “mitología”, es decir, respetaron la regla de oro del género fantástico: la puesta en escena realista. En cambio Alcatraz arranca allá arriba, con toda esa leyenda en torno de la prisión (incluso en el piloto vemos la isla hoy: un atractivo turístico con guardias de seguridad de agencia privada y guías, y cientos de visitantes que pasean tranquilos por el gran edificio) y esa mezcla de Los 4400 y Lost. El primer desafío de Alcatraz será hallar en sus personajes un misterio tan intenso como los convictos que se esfumaron en la isla.

Las metáforas sobre la seguridad y el crimen como motores sociales vendrán después.

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