
Sebastián Stampella / Edición impresa
Cualquier persona más o menos atenta puede advertir los dos detalles que, desde el vamos, diferencian al Fiat 147 de Ricardo Berizzo del resto de los autos que circulan por la ciudad: su andar silencioso y el tomacorriente que asoma en reemplazo de la boca para cargar combustible. Es que bajo su capó no hay un motor de combustión interna sino uno eléctrico alimentado con unas baterías que se cargan a 220 como si se tratara de un teléfono celular o una cámara de fotos. Se trata del V.E.R (Vehículo Eléctrico Rosario) –tal como lo bautizó su creador–, el primer y único auto de estas características en el país que logró trascender el ámbito experimental y obtener una autorización
para circular por la ciudad.
El proyecto impulsado por Berizzo, al que luego se sumó un grupo de colaboradores, comenzó a cobrar forma en 2007 y recién pudo pisar las calles rosarinas el año pasado luego de obtener la habilitación municipal. Desde entonces, este auto ya lleva recorridos más de 2.500 kilómetros sin emitir ningún tipo de residuo tóxico a la atmósfera y a un costo insignificante. Cruz del Sur dialogó con su artífice para conocer las características de este auto tan particular, y las ventajas y limitaciones que posee esta apuesta local por un medio de transporte sustentable y ecológico.
Una mecánica diferente
Ricardo Berizzo es ingeniero eléctrico y docente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Rosario. Con un entusiasmo admirable recibe al cronista en su casa del barrio La Florida y descubre orgulloso la lona que protege a su 147 celeste, ese que tanto esfuerzo dice que le llevó construir. “A este auto lo compré con la intención de hacerlo andar a electricidad, por eso lo primero que deseché fue el motor, el tanque de nafta y el caño de escape. Lo único que no pude quitar fue la caja de cambios porque no se puede separar del diferencial. De todos modos, me vino bien para utilizar la marcha atrás sin tener que hacerlo con un dispositivo más complejo”, explica a modo de introducción.
Al abrir el baúl recuerda que otra cosa que “voló” fue la butaca trasera. En su lugar se encuentra montada la voluminosa fuente de energía de
este vehículo: un pack de seis baterías de plomo, de ciclo profundo, que pesa 160 kilos y ocupa todo el ancho del baúl. A un costado, un pequeño tablero electrónico informa sobre cuánta corriente ingresa al auto al momento de la carga a 220 y permite sacar datos sobre el tramo que se puede recorrer sin tener que quedarse a pie. “Uno de los obstáculos de este vehículo es la poca autonomía que tiene. No se pueden hacer más de 20 o 30 kilómetros con la carga completa”, reconoce Berizzo. Pero como el permiso otorgado por la Municipalidad sólo lo habilita a circular dentro de los límites de la ciudad, el ingeniero dice que esa distancia le alcanza y le sobra para realizar sus trayectos cotidianos.
Cuando Ricardo da la vuelta y levanta el capó delantero, lo primero que sorprende es el espacio que sobra en ese compartimento. Sobre el pequeño motor hay una placa con instrumental
electrónico, un amperímetro analógico para medir la corriente que consume el motor, y tres instrumentos digitales: uno para medir el voltaje del pack de baterías, otro para medir el voltaje de la batería auxiliar –que alimenta las luces (que fueron reemplazadas por leds para ahorrar energía), el limpiaparabrisas y la radio–, y otro para medir la temperatura del gabinete donde se encuentra el motor. Por último, un sistema con un cable que se regula pisando el acelerador activa un potenciómetro que dosifica la entrada de electricidad hacia el motor, lo que hace que el auto ande a mayor o menor velocidad. Aunque Berizzo reconoce que el motor permite desarrollar una velocidad mayor, para cumplir con la normativa de tránsito local decidió que el tope sean los 60 kilómetros por hora reglamentarios.
El objetivo del proyecto
“Siempre me interesé por el transporte eléctrico en sus diferentes facetas. Lo estudié mucho desde lo teórico y llegué a crear un programa para hacer cálculos que, en un momento me llevaron a querer ponerlo en práctica”, comenta Berizzo. El desafío que se trazó este ingeniero fue poder desarrollar un auto que pueda circular en forma reglamentaria, y no un prototipo experimental que quede encerrado en el ámbito científico, como sucede con estos emprendimientos. Por eso se decidió a realizar adaptaciones sobre un modelo existente.
Un auto de las características de un Fiat 147 que recorra la ciudad casi sin producir ruido y con un tomacorriente en su parte posterior era candidato a llamar la atención de la gente y generar la reacción esperada por su creador. “Además de ponerme a prueba a mí
mismo, la construcción de este auto tenía como objetivo difundir esta alternativa a los motores de combustión interna para que la gente se familiarice y tome conciencia de que existe una forma mucho más sana de moverse, sin necesidad de contaminar el medio ambiente”, explica Ricardo.
Luego de comprar el Fiat 147 modelo 83, este ingeniero comenzó a trabajar sobre él sacando todo aquello que un auto eléctrico no iba a necesitar. El contacto con gente de la empresa Mantelectric fue un gran impulso, ya que esta firma que se dedica al mantenimiento del alumbrado público de la ciudad no sólo financió parte del emprendimiento sino que le cedió un espacio en su obrador para que Berizzo pudiera avanzar con el armado. “Yo llevé un cuaderno de bitácora en el que fui registrando, día a día, todo lo que se iba haciendo. Como siempre pasa, tuve que arreglármelas con lo que podía conseguir. Este
auto se hizo a pulmón. Quizás por eso también la satisfacción de manejarlo es tan grande”, dice el ingeniero.
Un inciso inutilizado del artículo 59 del Código de Tránsito municipal modificado en 1998, que hace referencia a vehículos experimentales, terminó por convertir al V.E.R en el primer y único auto eléctrico autorizado para circular por las calles de una ciudad argentina. Según relata Ricardo, ir a trabajar o pasear a bordo de su 147 eléctrico es una experiencia que disfruta en forma cotidiana. Antes de salir verifica que la batería tenga la carga suficiente como para llevarlo hasta donde quiere ir. De ser así, Berizzo conecta su auto al tomacorriente de su casa y hace la carga que necesita –una carga completa demanda no menos de cuatro horas–. “Este auto es muy económico. Teniendo en cuenta que la energía que mueve a este auto se rige según la tarifa del servicio eléctrico
domiciliario, yo termino pagando no más de 12 centavos por kilómetro”, dice.
Por otra parte, en los trayectos que recorre diariamente, indefectiblemente surgen las charlas de auto a auto cuando se detiene en algún semáforo. “¿A qué anda ese auto?”, “Pero ese auto no hace ruido, ¿qué tiene adentro?” son las preguntas más frecuentes que le hacen los demás automovilistas, según comenta.
Ricardo aún no sabe cómo terminará esta historia, hacia dónde derivará su afán por promover este tipo de vehículos. “Estoy en la disyuntiva de qué hacer a futuro. Cuando pienso en los detalles que faltan mejorar en este auto me pregunto si no será el momento de hacerlo sobre otro vehículo, tecnológicamente más avanzado. Dejar lo artesanal y saltar al desarrollo industrial es algo que me da vueltas en la cabeza. Ya veremos adónde me lleva todo esto”, dice. De lo que sí dice estar seguro es de lo necesario que se hace abrir paso a un nuevo paradigma energético para relacionarnos de un modo más amigable con el medio ambiente. Mientras tanto el V.E.R seguirá sin prisa sumando kilómetros y conciencia ecológica por las calles de la ciudad.
