Gastón Giro - Edición impresa
Un nene que contrata a un enano para que coma su comida a escondidas de la madre. Una mujer de color, con el ojo pintado de blanco, pidiendo que le den una piña. O un señor que abusa del doble sentido mientras reparte morcillas a las mujeres comensales. Esas situaciones tienen en común que en algún momento fueron elegidas por publicistas para vender algún producto, y también que generaron malestar en distintos sectores que las consideraron agraviantes u ofensivas. En tiempos en que el bombardeo publicitario a través de distintos canales (algunos cada vez más invasivos, como internet) es intensivo es bueno detenerse a analizar cuáles son los límites de la publicidad, de los publicistas y de los anunciantes. Hace unos días se realizó en Rosario un encuentro organizado por la Asociación Publicitaria de Agencias de Rosario (Apar) y la Asociación Argentina de Publicidad, donde estos temas se analizaron con la
participación de un variopinto público que por momentos no esquivó el debate y hasta llevó a los panelistas a responder a temas incómodos.
Tras las formalidades, tomó la palabra Miguel Daschuta, quien explicó de qué se trata el Consejo de Autorregulación Publicitaria (Conarp), una asociación civil que se encarga de analizar las publicidades controvertidas y decidir qué se hace con ellas. El Conarp tiene veinte miembros, aportados en partes iguales por la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad (AAAP) y la Cámara Argentina de Anunciantes (CAA), es decir quienes mandan a hacer las publicidades y quienes las hacen. La autorregulación es una premisa dentro del mundo de la publicidad. Todos los publicistas presentes coincidían en que los controles externos (principalmente desde el Estado) son contraproducentes. Por ello la Conarp estableció cinco pautas básicas para generar los contenidos: respeto por la ley (por ejemplo en las publicidades de bebidas alcohólicas), mensajes con
veracidad, lealtad hacia la competencia, valores y responsabilidad social.
El Conarp puede actuar de oficio o por la petición de alguna parte. La decisión de analizar una publicidad puede ser porque la competencia denuncia falta de lealtad, por cuestiones de discriminación o de mensajes que pueden representar algún tipo de dilema ético. Por ejemplo, se presentó como ejemplo una antigua publicidad de Sancor Yogs en la que un niño contrataba a un enano para que comiera su comida y le dejara el postre. Daschuta explicó que, en esa oportunidad, se habló con el anunciante y se decidió levantarla porque se entendía que se les daba a los niños el mensaje “de que podían engañar a sus padres”.
Las acciones que puede tomar la Conarp van desde solicitar que la publicidad no se pase más, que se agregue algún tipo de mensaje o consigna o hasta que la continuación de dicha campaña sirva para contrarrestar el mensaje controversial de la parte cuestionada. Eso sucedió
por ejemplo con la campaña de Movistar sobre Gerardo, un muchacho “chapado a la antigua” que, de acuerdo con el mensaje, sólo podía adaptarse comprando un celular. “Imaginen que cuando salió ningún chico se animaba a decir en la escuela que se llamaba Gerardo. Así que se acordó con Movistar que se iba a hacer una nueva pieza destacando los aspectos positivos de Gerardo”, comentó Daschuta.
Las resoluciones del Comité
Las publicidades que más observaciones reciben son las relacionadas con las bebidas alcohólicas, alimentos, chicos y juegos de azar. Según Dascheta, desde 2001, cuando se instituyó el Conarp, los casos analizados se redujeron de 250 anuales a 22 en el actual año, durante el cual se lanzaron en la ciudad de Buenos Aires (epicentro de la publicidad) unos 1.000 comerciales. Con estas cifras, los publicistas pretenden fundamentar la eficiencia de la autorregulación, pues para ellos la principal preocupación es un control estatal. “Si no (si no
hubiera autorregulación y sí un control estatal) la presión sería muy fuerte”, se sinceró Dascheta.
Sin embargo, lo cierto es que las resoluciones del Conarp no son vinculantes, sino que los anunciantes y agencias que pertenecen a la asociación pueden no aceptarlas. Ni hablar de aquéllos que ni siquieran pertenecen. Por ello hay recomendaciones que no pueden solucionarse por consenso, aunque en el Conarp aseguran que el 95 por ciento de las resoluciones son aceptadas.
A la hora de hablar de responsabilidades, los publicistas aseguran que las últimas son de los en la plata y cuya marca va pegada al comercial. “La publicidad no tiene obligación de educar, pero tampoco de maleducar”, analiza Dascheta.
Dañoniño
“La publicidad no miente, exagera la verdad”, intervino el rosarino Carlos Bartolomé. Pero inmediatamente después pidió la palabra alguien que se presentó como el pediatra Héctor Schwartz, quien trabaja
en un programa de la Municipalidad de Rosario para promover la alimentación saludable en escuelas. “La publicidad sí miente. Nosotros estamos seriamente preocupados por productos pseudoalimenticios. Danone y La Serenísima usan personas famosas y creíbles para promocionar sus productos y nombran a instituciones.
Nosotros hablamos de Dañoniño y no lo hacemos de graciosos, sino porque tenemos casos de chicos que han terminado internados por comer esto”, denunció, y pidió que las agencias de publicidad tengan el “resguardo” de que los alimentos cuenten con las características anunciadas y el aval de las instituciones que se mencionan, porque han comprobado que hay casos en que esto no sucede.
La respuesta de Dascheta fue que en realidad ellos confían en que los anunciantes les informan a la hora de armar el comercial. Y que en estos dos casos puede intervenir la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) y otras firmas
que fabriquen los mismos productos, que pueden aducir competencia desleal.
Allí intervino en el debate otro joven que dijo ser abogado especialista en publicidad. Y explicó que en manos de los consumidores (y de cualquier ciudadano) está la posibilidad de presentar medidas cautelares y de acción de cese de las publicidades. Y también reclamar daños y perjuicios ante publicidad engañosa u otros efectos perjudiciales de los comerciales. Además, puso el eje en una de las cuestiones centrales: la identificación publicitaria. Esto tiene que ver con la necesidad de que esté claramente delimitado cuándo (en caso de publicidad televisiva) se trata de la programación y cuándo una publicidad. En este aspecto la nueva ley de Medios introdujo una gran mejora, pues estableció que todos los canales deben identificar claramente el comienzo y el fin del espacio publicitario. Aun así sigue existiendo (aunque de manera limitada) la publicidad no tradicional (PNT), que es aquélla que se realiza dentro
de los programas, generalmente a cargo de los conductores. Este tipo de comerciales sí está prohibido en los noticieros e informativos.
El rol de los medios
En Brasil, por ejemplo, los medios de comunicación están representados en el comité de autorregulación publicitaria. “Los medios no se quieren meter”, explican los publicistas. Sucede que, teniendo en cuenta lo que cuesta un segundo de publicidad en horario central, son pocos los gerentes comerciales en condiciones de rechazar una publicidad por cuestiones éticas.
“A nosotros nos condenan, pero Tinelli muestra mujeres desnudas a las 9.30 de la noche”, se defendió dos veces Duscheta. Pero, como si lo hicieron saber, el argumento no es el mejor, porque muchas veces son las propias agencias las que aconsejan a los anunciantes que tomen segundos de publicidad en estos tipos de programas. Justamente uno de los que tomó la palabra fue Alejandro Gimbatti, gerente comercial
de Televisión Regional, quien admitió que no veía el programa de Marcelo Tinelli.
El caso de ShowMatch es casi paradigmático, pues se ha convertido en una emisión con alto contenido erótico. Por estos días la Autoridad de Aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Asfca) analiza una millonaria multa al programa por el último desnudo de Cinthia Fernández. Justamente este organismo oficial es uno de los que puede actuar para garantizar la publicidad responsable. También, en caso de discriminación o violencia de género (en el debate este tema, para sorpresa, sólo tuvo un trato superficial, a pesar de que actualmente hay publicidades de cerveza que podrían considerarse ofensivas para el género) puede tomar cartas el Inadi. El caso más reciente en la provincia de Santa Fe contó con la intervención de la Defensoría del Pueblo, que pidió quitar de la vía pública una campaña gráfica de un bar llamado “De puta madre”, que fue considerado ofensivo. Cuando la cuestión está
más relacionada con los intereses de las empresas involucradas, éstas pueden hacer una denuncia ante la Dirección de Lealtad Comercial de la Secretaría de Comercio Interior. Y, finalmente, todos los ciudadanos pueden presentarse ante la Justicia si lo creen necesario
Igualmente, entre los exponentes del encuentro hubo consenso en que “la publicidad argentina es la menos sexista de la región” y que “la publicidad va a evolucionar porque la sociedad evoluciona”. “Generalmente la publicidad que es muy buena va un poquito adelante. La reconocen unos años después”, concluyeron.
Cigarrillos, alcohol y autos
Susana Rueda, la periodista encargada de presentar, propuso para debatir el caso de las publicidades de automóviles, donde los vehículos aparecen generalmente a altas velocidades y con maniobras arriesgadas, mientras casi al mismo tiempo se muestran campañas oficiales para concientizar sobre los accidentes de tránsito. También se habló de la
cantidad de comerciales, en todos los formatos, de cigarrillos y alcohol. En estos dos casos tal vez ni siquiera hay que analizar cuáles son los mensajes, si no el hecho de que haya publicidades. Si bien se ha avanzado en gran medida con las regulaciones sobre el tabaco, con el alcohol todavía no pasa lo mismo. “La industria alcohólica es enorme, se mueve mucha plata y paga mucho de impuestos. Pero si no hay una reflexión van a terminar como con el cigarrillo”, analizó alguien, haciendo alusión a la legislación que evita fumar en lugares cerrados y publicitar empresas tabacaleras en numerosos actividades.