Miércoles 22 de Febrero de 2012
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Roswell al otro lado del río

Sebastián Stampella / Edición impresa

 

Desde hace más de seis años la ciudad entrerriana de Victoria cuenta con el Museo del Ovni, un espacio abierto a los aficionados a la ufología y al público en general que reúne una importante cantidad de material bibliográfico y de fotografías que se ofrecen como evidencia de que no estamos solos en el espacio. También se brindan charlas sobre este fenómeno y se exhiben con cierto celo algunas piezas atribuidas a objetos no identificados. El canal Infinito y hasta la BBC de Londres ya han visitado Victoria con el único propósito de dar cuenta de la existencia de este museo y un medio de televisión de las islas Canarias llegó a compararlo con el de Roswell, en Estados Unidos, algo así como la meca de la ufología mundial.

 

El museo se encuentra enclavado en una de las tantas calles elevadas de Victoria y cada fin de semana recibe, en promedio, no menos de 200 visitantes. Ese lugar es también la base de operaciones de Visión Ovni, un equipo de investigación dedicado a este asunto que realiza trabajos de campo en la zona y que cuenta con un programa radial desde donde difunde las últimas novedades e intercambia experiencias con otros ovniólogos del mundo.

 

El pequeño galpón donde se encuentra montado el museo es parte de la casa de Silvia Simondini, la directora y mentora de toda esta movida. Silvia era un ama de casa porteña que un buen día de 1968, en Caleta Olivia, donde vivió un tiempo con su esposo, tuvo una experiencia reveladora: sobre su casa, una enorme nave abrió su panza y dejó salir a cinco platillos más pequeños que luego se perdieron en el cielo. “A partir de este momento, mi vida dio un giro tremendo y nunca volví a ser la misma. Comencé a sentir la necesidad de encontrar explicaciones, de investigar”, comenta Simondini a Cruz del Sur desde el pintoresco portón del museo.

 

La publicación de una nota en el diario Clarín a principios de los noventa sobre los masivos avistamientos de ovnis en la costanera de Victoria fue el detonante para que esta mujer tomara la determinación que ya venía masticando. Silvia abandonó su lujoso hogar, “un petit hotel en Devoto que compartía medianera con la casa de Diego Maradona”, se divorció de su marido y viajó con sus tres hijos para radicarse definitivamente en esta localidad entrerriana. “Dejé de ser una burguesa para seguir lo que ya se había convertido en mi vocación: investigar el fenómeno ovni. Decidí que éste era el lugar ideal porque estaba virgen y se podía hacer trabajo de campo sin que nadie te moleste”, explica la directora del museo.

 

En poco tiempo esta señora a la que la mayoría de los habitantes de Victoria señalaba despectivamente como “la loca de los ovnis” fue sumando adeptos hasta conformar el grupo investigativo Visión Ovni y acumular en su casa una serie de objetos y libros donados por especialistas que comenzaron a reconocer su trabajo. “De a poco me fui ganando el respeto de la gente del lugar y, a excepción de la Municipalidad, todos valoran la seriedad con la que trabajo y el atractivo que significa el museo para esta ciudad”, sostiene Silvia.

 

Anomalías inexplicables

 

La directora del museo invita al cronista de Cruz del Sur a recorrer el lugar mientras alterna comentarios sobre lo chico que les está quedando el espacio y sobre la rapidez con que crece la cantidad de materiales que acumulan allí. El galpón está tapizado de elementos: fotos domésticas tomadas en campos, lagunas o terrazas con luces u objetos extraños en el cielo; esculturas de extraterrestres de todo tipo y tamaño; reproducciones a escala de naves espaciales; y libros y recortes periodísticos sobre el fenómeno ovni.

 

Pero Silvia Simondini propone dirigir la atención hacia los tesoros más preciados que tiene el museo: una esfera perfecta con un orificio que cayó desde el cielo sobre un campo de Casilda; un trozo de un material verdoso y compacto que cayó en la quinta de un coronel de apellido Mercante y que fue donado por Fabio Zerpa; y un pedazo de chapa que tiene la propiedad de volverse traslúcido cuando se lo fotografía y que fue recolectado tras el impacto de una bola de fuego en un campo de Rincón del Doll, a 45 kilómetros de Victoria.

 

Silvia explica entonces las características de cada uno de estos tres objetos y el modo en que llegaron a sus manos. Aunque estos tres elementos son tomados como partes de naves estrelladas en distintos lugares, la directora del museo prefiere ser cauta: “Yo digo que estas cosas que exhibimos acá son anómalas. Son incógnitas y por lo tanto nadie puede aventurarse a decir qué son exactamente”, dice, y cuenta que el Instituto Balseiro se mostró interesado en estudiar alguno de estos objetos y que personal de la Fuerza Aérea Argentina le pidió un trozo de la chapa traslúcida para analizarla. “Yo les contesté que cada centímetro de este material sólo se canjea por la apertura de uno de los tantos expedientes que ellos tienen celosamente guardados sobre ovnis. No insistieron más”, suelta Silvia con una sonrisa.  

 

¿Qué onda con Victoria?

 

Mucho antes de que el puente que la une con Rosario y el casino la configuraran como una opción turística, Victoria ya había cobrado cierta fama mediática por los recurrentes avistamientos de ovnis en la zona de la costanera y en la Laguna del Pescado. Aunque el boom de este fenómeno se dio en 1991, cuando hasta el intendente de entonces, Juan Carlos Stratta, sumó su testimonio al de miles de ciudadanos que siguieron el movimiento de luces extrañas sobre el cielo de la ciudad, los estudiosos del tema dicen que los primeros dichos sobre estas “visitas” se remontan a principios del siglo veinte.

 

“El país de los chajás”, un libro escrito a mediados de ese siglo por Gregorio Spiazzi, monje benedictino de la célebre Abadía de Victoria, da cuenta de experiencias vividas en sus recorridas por la zona de islas en 1912. El museo del Ovni cuenta con uno de los ejemplares de esta publicación en la que pueden leerse algunas menciones del monje sobre luces que viajan a una velocidad inaudita y luego se hunden en el agua. Silvia Simondini comienza a mover las manos y detalla una maniobra que observó en reiteradas oportunidades: “Hay una luz que yo la llamo vigía: es la que siempre está estática. Sale del agua y se queda allí. Muchos piensan que se trata de un pescador, pero pronto emergen otras y van sacando algo del agua como si fueran algas o algo así y se lo llevan a esa luz estática. Entonces ésta se hunde de nuevo y vuelve a salir para repetir el procedimiento”.

 

Según explican los integrantes de Visión Ovni, la ciudad de Victoria reúne una serie de características que la hacen atractiva para la visita de seres extraterrestres. “Donde hay agua y elevación, es común que se den estos fenómenos. Victoria tiene siete colinas, río y lagunas. Por otra parte se forma una triangulación especial con Rosario y Pueblo Esther”. El que acerca estos detalles es Pablo Puchet, oriundo de Victoria y miembro fundador del equipo de investigación Visión Ovni. Pablo, quien se encarga de dar charlas en el museo, dice que la gente del lugar prefiere no hablar mucho, pero que los avistamientos son constantes.

 

“Generalmente se producen sobre el río Paraná o sobre alguna laguna, pero también se ven cosas en el medio del campo y hasta sobre la ciudad misma. Y siempre se dan en las noches sin luna. Nosotros en las salidas que realizamos con el grupo pasamos por muchas experiencias”, afirma Puchet.  De todas las vivencias, reconoce que la más fuerte fue aquella que lo dejó a cincuenta metros de cuatro seres extraterrestres a los que en un principio confundió con cazadores de perdices en un campo que cruza el arroyo El Ceibo. “Caminaban tomados de la mano. Tenían la cabeza muy grande y el cuerpo muy pequeño, y vestían un traje plateado”, recuerda. “La curiosidad es muy fuerte y nos impulsa a seguir adelante con nuestro trabajo”, agrega. En este sentido, Pablo y Silvia coinciden en que el principal objetivo de Visión Ovni es encontrar respuestas. “Nosotros no queremos mezclar nuestro trabajo investigativo con cuestiones espirituales ni paranormales. Nosotros trabajamos con pruebas. Yo en esto tengo los pies sobre la tierra. Quiero que la ciencia me explique de qué se tratan estas cosas que aún no encuentran respuestas. Por el momento me conformo con que la gente se involucre y tome en cuenta de que convivimos con otra realidad”, concluye Simondini.

 

De eso, mucho no se habla

 

A diferencia de Córdoba, donde a un cascote deforme se le ha llegado a atribuir la caprichosa forma de un zapato para sumar un atractivo turístico, Victoria parece no darle demasiada entidad al Museo del Ovni. Cruz del Sur pudo comprobar algo que los integrantes de Visión Ovni le habían anticipado: la mayoría de los habitantes de esta ciudad prefiere minimizar todo el asunto de los ovnis. El testimonio de un puñado de vecinos y de algunos promotores de turismo pareciera demostrar que, desde el otro lado del río, las luces del casino son las únicas que la ciudad de las siete colinas está dispuesta a promover. Sin embargo, dos años atrás la realidad era otra. En junio de 2009 el mismo municipio llegó a respaldar en forma conjunta con la Secretaría de Turismo y la Cámara de Diputados de Entre Ríos la realización del Segundo Congreso Internacional de Ovniología, que se desarrolló en la sala de eventos del Casino de Victoria. Los integrantes de Visión Ovni acreditan el respaldo municipal de entonces al secretario de Turismo, Oscar González.

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